11 de abril | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Buscar siempre más luz


Y di mi corazón a inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen de él. Eclesiastés 1:13.

Cualquiera que sea el progreso intelectual de la humanidad, no debe pensar por un momento que no necesita escudriñar cabal y continuamente las Escrituras para obtener mayor luz. Como pueblo somos llamados individualmente a ser estudiantes de la profecía. Debemos velar con fervor para notar cualquier rayo de luz que Dios nos presente. Debemos discernir los primeros reflejos de la verdad; por medio de un estudio acompañado de oración podremos obtener una luz más clara, para comunicarla a otros.

Cuando el pueblo de Dios se siente cómodo y satisfecho con su ilustración presente, podemos estar seguros de que él no los favorece. Es su voluntad que avancen siempre, para recibir la abundante y siempre creciente luz que resplandece para ellos. La actitud actual de la iglesia no agrada a Dios. Ha penetrado en ella una confianza propia que ha inducido a sus miembros a no sentir necesidad de más verdad ni de mayor luz. Estamos viviendo en un tiempo en que Satanás trabaja a diestra y siniestra, delante y detrás de nosotros; sin embargo, como pueblo estamos

dormidos. Dios quiere que se oiga una voz que despierte a su pueblo para que obre.

En vez de abrir el alma para que reciba los rayos de la luz del cielo, algunos han estado obrando en la dirección opuesta. Tanto por medio de la prensa como desde el púlpito se han presentado opiniones acerca de la inspiración de la Biblia que no tienen la sanción del Espíritu o de la Palabra de Dios. Lo cierto es que ningún ser humano o grupo de seres humanos debe adelantar teorías acerca de un tema de tan grande importancia sin que las sostenga un claro “Así dice Jehová”.

Y cuando el pueblo, rodeado de flaquezas humanas, afectado en menor o mayor grado por las influencias que lo rodean, y teniendo tendencias heredadas y adquiridas que distan mucho de hacerlo sabio o mentalizado celestialmente, se pone a atacar la Palabra de Dios y a juzgar lo que es divino y lo que es humano, obra sin consejo de Dios. El Señor no prosperará una obra tal. El efecto será desastroso, tanto para el que se empeña en ella como para quienes la aceptan como obra de Dios.—Joyas de los Testimonios 2:313, 314.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS

Elena G. de White

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