10 de enero | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Dios conoce nuestras necesidades

«Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.
No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan». Mateo 6: 7-8, NVI

SI DIOS, EL DIVINO ARTISTA, le ha proporcionado a las humildes florecillas que perecen sus delicados y diversos colores, ¿cuánto mayor cuidado no ejercerá con aquellos que han sido creados a su propia imagen? […].
Cuando amamos y obedecemos a Dios, y cumplimos con nuestra parte, él nos proporciona todo lo que necesitamos. […] Nadie puede «añadir a su estatura un codo», no importa con cuanto empeño trate de hacerlo (Mat. 6: 27; Luc. 12: 25). No es menos falto de sensatez angustiarse por el mañana y por nuestras posibles futuras necesidades (ver Mat. 6: 34). Cumplamos, pues, nuestro deber y confiemos en Dios; porque él sabe qué necesitamos. […] El nos consuela con más ternura que una madre a su hijo afligido. […]
Dios es un amigo en la perplejidad y la aflicción, un refugio en el fracaso, un protector en los miles de invisibles peligros que nos acechan.— Revietv and Herald, 11 de septiembre de 1888.
El Señor está presente en todos los hogares; oye cada palabra que se pronuncia, escucha cada oración que se eleva; siente los pesares y los desengaños de todos y cada uno; ve el trato que recibe cada padre, madre, hermana, amigo y vecino. Cuida de nuestras necesidades, y para satisfacerlas, su amor y misericordia fluyen de continuo. […] Bajo su protección nos sentiremos seguros.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 5, pp. 162-163.
El Señor se adapta a las necesidades espirituales de cada persona. Camina a nuestro lado como si fuera nuestra sombra (Sal. 121:5), presto a apoyamos en todas nuestras necesidades. El siempre está cerca de quienes le sirven con sinceridad. Nos conoce a cada uno por nuestro propio nombre. ¡Qué maravillosa seguridad la nuestra al disponer en todo momento del tierno amor de Cristo!.— Manuscrito 51,1903 (Comentario bíblico adventista, t. 3, p. 1171).

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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