10 de abril | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Los tesoros de la verdad son para los que cavan


Si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová y hallarás el conocimiento de Dios. Proverbios 2:4, 5.

Nadie piense que ya no hay más conocimiento que adquirir. La profundidad del intelecto humano puede ser medida; las obras de los autores humanos pueden dominarse; pero el más alto, profundo y ancho arrebato de la imaginación no puede descubrir a Dios. Hay una infinidad más allá de todo lo que podamos comprender. Hemos contemplado solamente una vislumbre de la gloria divina y de la infinitud del conocimiento y la sabiduría; hemos estado trabajando, por así decirlo, en la superficie de la misma, cuando el rico metal del oro está debajo de la superficie para recompensar al que cave en su búsqueda. El pozo de la mina debe ser ahondado cada vez más, y el resultado será el hallazgo del glorioso tesoro. Por medio de una fe correcta, el conocimiento divino llegará a ser el conocimiento humano.

Nadie puede escudriñar las Escrituras con el Espíritu de Cristo y quedar sin recompensa. Cuando los hombres y las mujeres estén dispuestos a ser instruidos como un niñito, cuando se sometan completamente a Dios, encontrarán la verdad en su Palabra. Si los seres humanos fueran obedientes, comprenderían el plan del gobierno de Dios. El mundo celestial abriría sus cámaras de gracia y de gloria a la exploración. Los seres humanos serían totalmente diferentes de lo que son ahora; porque al explorar las minas de la verdad, quedarían ennoblecidos. El misterio de

la redención, la encarnación de Cristo, su sacrificio expiatorio, no serían, como ahora, vagos en nuestra mente. Serían no solamente mejor comprendidos, sino más altamente apreciados en su conjunto…

El valor de este tesoro es superior al oro o la plata. Las riquezas de las minas de la tierra no pueden compararse con él. “El abismo dice: No está en mí; y el mar dijo: Ni conmigo. No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata. No puede ser apreciada con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni con zafiro. El oro no se le igualará, ni el diamante; no se cambiará por alhajas de oro fino. No se hará mención de coral ni de perlas; la sabiduría es mejor que las piedras preciosas”.

Job 28:14-18.—The Signs of the Times, 12 de septiembre de 1906; Palabras de Vida del Gran Maestro, 85, 86, 78.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS

Elena G. de White

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